El Correo de Burgos

Miguel San Juan, 83 días después de la riada: “Estoy igual que aquella mañana, sin nada”

El gerente del quiosco El Barriles implora al Ayuntamiento de Aranda ayuda para acelerar la apertura

Miguel muestra el nivel hasta donde llegó el agua el 14 de febrero

Miguel muestra el nivel hasta donde llegó el agua el 14 de febreroL.V.

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Aranda

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Desde que la riada del 14 de febrero quiso cambiarlo todo, han pasado 83 días y Miguel San Juan no puede más. “Estoy igual que como me quedé aquella mañana, sin nada”, lamenta. A los daños que sufrió el quiosco municipal que regenta, unos 80.000 euros, se unen tres meses de cierre en los que no ha podido facturar. “Estoy hasta el cuello”, asegura angustiado.

Aunque tiene inutilizado el bar, los gastos continúan. “Tengo la hipoteca de mi casa, mi hijo y el pago del alquiler mensual del quiosco, que son 300 euros, porque, aunque el alcalde me dijo que me iban a exonerar los meses que estuviese cerrado, en Intervención me aclararon que no se podía porque estaba informatizado”, explica.

El agua entró sin remedio en el quiosco de El Barriles en la madrugada del 13 de febrero, siete días después de la primera riada. Nadie lo sabía y nadie lo esperaba. “La Confederación Hidrográfica del Duero (CHD) no avisó. Yo pedí autorización a Medio Ambiente y a la propia Policía porque la zona estaba acordonada desde la primera riada del día 6 y me dijeron que no había problema. Lo peor es que, como llevaba tres meses cerrado porque me tuve que someter a una operación el 17 de noviembre, llené cámaras y neveras con comida, congelados... unos 1.500 euros que fueron directamente a la basura, como todo lo demás”, relata.

El cuadro eléctrico quedó inundado

El cuadro eléctrico quedó inundadoL.V.

En una crecida histórica, el agua llegó a los dos metros de altura. “Recuerdo ese día como una pesadilla, pero pasan las semanas y es casi peor. Ya no sé qué hacer”, desespera.

Una llamada del Ayuntamiento le alegra el día. “Me acaban de decir en Obras que la próxima semana viene por fin el pintor y también se van a cambiar los cristales”, celebra con la esperanza de poder abrir a finales de mes. “Febrero suele ser flojo, pero abril y mayo son buenos y los he perdido. No puedo permitirme perder también el verano”, afirma.

El Ayuntamiento podía haber aprovechado para hacer una reforma exhaustiva, como hizo en el quiosco municipal del parque de la Huerta o con el de la Virgen de las Viñas, pero la obra en El Barriles será muy básica. El pintor arreglará la pared de pladur, que tiene un gran agujero, y antes de pintar acondicionará también el murete interior que hay bajo unas ventanas que finalmente solo se lijarán para que puedan cerrar y abrir con normalidad, y se sustituirán los cristales. “Lo ideal hubiese sido cambiarlas por unas de PVC, que son más resistentes, pero no se ha podido”, señala Miguel.

Hay cuestiones que no pueden esperar, como el cambio del cuadro eléctrico, que puede ser un peligro de incendio tras la inundación. “Anímicamente está siendo muy duro, vengo cada día y hago lo que puedo. Sigo limpiando, he lijado la barra, pero necesito ayuda”, implora.

Parque del Barriles inundado

Parque del Barriles inundadoL.V.

Su contrato expira el 31 de diciembre de 2026. “Me han dicho que la idea es prorrogar entre un año y medio y dos, como compensación a estos meses de cierre, pero todo depende del tiempo de amortización”, detalla, con la mirada puesta en el entorno, que también quedó arrasado tras la riada. “Los troncos más grandes se han quitado, pero queda muchísimo por hacer. Hay piedras por todas partes y el parque me han dicho que va para largo”, informa con preocupación porque los columpios, aunque están precintados en su mayoría, “los chavales los mueven y es un peligro”.

De enólogo a regentar un quiosco

Enólogo de profesión, Miguel se decantó por coger el quiosco municipal por su familia. “La bodega en la que trabajaba cerró y entonces vimos este bar y la verdad es que no me arrepiento. Aquí puedo estar con mi hijo. Puedo disfrutar con él, no como antes, que me iba de casa a las 8.30 y volvía a las 20.00 horas”, sostiene.

Por ahora subsiste con el adelanto que le dio el seguro, pero “cada vez queda menos”. “La situación, para mí y mi familia, es límite”, apremia.

En su opinión, todo podía haberse solventado antes. “En cuanto pasó, yo gestioné con el consorcio y presenté los presupuestos de todo, continente y contenido, pero el Ayuntamiento, como propietario, me dijo que se encargaban ellos, pero está siendo todo muy lento. Para mí es demoledor. Hay días que me dan ganas de tirar la toalla”.

Dos robos

Por si fuera poco el drama, Miguel ha sufrido dos robos. En el primero desaparecieron ocho sillas de la terraza y en el segundo, hace tan solo unos días, intentaron acceder. No lo consiguieron, pero rompieron el cristal de la entrada y la cerradura de la puerta. “No sé muy bien qué estarían buscando porque aquí no queda nada de valor. Tengo la alarma puesta, pero no queda nada”, rechaza.

Más allá de la angustia de Miguel, lo cierto es que el quiosco del Barriles es uno de los espacios más queridos de Aranda. El potencial es enorme, pero desde el Ayuntamiento nunca nadie ha apostado por él. “En invierno no hay gente y pierdo, pero desde abril se anima y ya en verano estoy a tope”, defiende.

Imagen actual del parque infantil

Imagen actual del parque infantilL.V.

Entre los vecinos insisten en la urgencia de invertir tanto en este espacio como en el propio parque infantil. “No es lógico que hayan pasado tres meses y sigamos con el parque en estas condiciones. ¿Cuánto cuesta traer una máquina? Parece mentira que estemos tan abandonados”, lamenta una vecina.

Todos cuentan los días para recuperar la normalidad. “La gente está deseando venir. Ojalá en esta nueva etapa el Ayuntamiento sea también un poco más flexible y nos deje organizar pequeños conciertos, por supuesto sin molestar al hospital, pero sería bueno que todos apostemos por esta zona, es maravillosa”, concluye Miguel, con la mirada puesta en el proyecto que presentó al Ayuntamiento hace cuatro años y recordó en un pleno de hace un año, para meter el baño dentro del quiosco. “En invierno la gente se congela”, urge.

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