"Cada niño que he tratado con autismo es totalmente diferente al resto"
Bárbara es una de las pocas maestras rurales centrada en educación especial

Bárbara posa en una de las clases del CRA Antonio Nebrija
Si la labor de un maestro es fundamental en el desarrollo de un niño, el trabajo de Bárbara adquiere una relevancia aún mayor. Es una de las maestras rurales de educación especial y su objetivo este año es ayudar a un niño con autismo que estudia en el Centro Rural Agrupado Antonio Nebrija. “No hay un perfil único, cada niño que he tratado con autismo es totalmente diferente al resto”, afirma Bárbara Rojo García.
Hoy se conocerán en el primer día de colegio. "En la primera toma de contacto veo qué necesidades tiene para luego ir adaptándonos en las seis sesiones que tendremos cada semana", detalla. Lo recomendable, en su opinión, es estar con él dentro de clase para favorecer la inclusión. "Luego hay ámbitos que es preferible trabajar fuera, pero no me voy a marcar una sesión fija; vamos a ir viéndolo en función de lo que requiera ", explica.
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En este colegio hay 11 alumnos en total, divididos en dos clases. "Nosotros estaremos con los mayores", detalla. Al estar especializada en niños con necesidades educativas especiales, Bárbara ha tratado a alumnos muy diferentes, desde dislexia, problemas de lectoescritura o trastornos del lenguaje hasta autismo o discapacidades graves, como pudo comprobar cuando trabajó en un colegio de Segovia. "La primera vez que entré en un centro de educación especial con discapacidades muy severas, la verdad es que te afecta porque ves la realidad de todas estas familias que necesitan muchísima ayuda. Hay situaciones duras, problemas graves de conducta, pero también es muy gratificante, recibes muchísimo amor, lecciones de vida y te ayuda a ver las cosas de otra manera", afirma.
A la hora de trabajar con un niño autista, cada paso cuenta. "Tienen ideas muy fijas y todo tiene que estar marcado de forma muy anticipada", concreta.
Los casos más complejos llegan cuando "no hay comunicación oral". "En esos casos trabajamos con pictogramas, pero hay que ir muy poco a poco y trabajar tanto en el cole como en casa. La mayoría de padres son bastante colaboradores y es muy importante porque, cuanto más se generalice el uso de pictogramas en los diferentes contextos en los que se mueve el niño, mayores serán las posibilidades de aprendizaje", defiende sin olvidar otras herramientas eficaces como el material visual y manipulativo, los tableros de planificación y, por supuesto, el juego.
Cada día es diferente. "No se trabaja igual si el niño ha dormido bien que si está cansado. Esos días tienes que amoldarte y solo acompañarle", concreta con la mirada puesta también en la labor de los profesionales de la comunidad educativa como la maestra de Audición y Lenguaje, tutores, los diferentes especialistas, Auxiliares Técnicos Educativos, Profesionales de Administración y Servicios y orientadores.
Pedagogía terapéutica
Aunque Bárbara siempre supo que iba a ser maestra, fue en la carrera cuando decidió especializarse en pedagogía terapéutica. Sus primeros años como profesional ha trabajado como interina allí donde la llamaban, Segovia, Villasana de Mena, Miranda de Ebro... Ahora, por primera vez, inicia el curso desde el principio. "Hasta ahora siempre lo había cogido a medias, en el segundo trimestre, porque eran sustituciones, así que es un nuevo reto que asumo con muchísima ilusión y responsabilidad", asegura, convencida de que, al empezar de cero, "tengo la sensación de poder ayudar a crear".
En la comarca de la Ribera ya tuvo una primera toma de contacto en el servicio de madrugadores de Villalba de Duero y, aunque nunca había estado en un Centro Rural Agrupado (CRA), lo que ha visto hasta ahora le gusta. "Somos tres coles, con 19 alumnos en total (11 en Torresandino, 5 en la escuela de Tórtoles de Esgueva y 3 en la de Cilleruelo de Abajo), y un claustro de 5 profesores. Esto es como una pequeña familia", destaca entusiasmada ante las posibilidades de una formación personalizada que “da espacio y tiempo a cada menor” y que apuesta mucho por la naturaleza y el entorno. "La escuela rural es un lujo para los niños", afirma.
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Con la asignación en el CRA, Bárbara se acerca un poco más a Aranda, su lugar de residencia. "En un futuro me encantaría poder trabajar en Aranda, pero este camino de aprendizaje también es bonito", agradece a sabiendas de que el proceso de oposiciones no es fácil. "El problema de estar como interino es que vas cubriendo bajas donde te manden, con todo lo que supone estar lejos de casa a nivel familiar y económico, y rehacerte en cada destino temporal”, señala decida a seguir luchando por una plaza fija. “Es un trabajo continuo, muy personalizado y a veces complicado y difícil, pero también es gratificante porque, cuando el niño avanza, es una maravilla. En ese momento, todo merece la pena", termina.