El Correo de Burgos

El sorprendente secreto que esconden las conchas prehistóricas y se investiga en Burgos

Un ciclo del Museo de Burgos sigue las señales que conservan materiales cotidianos para reconstruir cómo vivían las comunidades del pasado

Una colección de conchas marinas entre las que destaca una vieira.

Una colección de conchas marinas entre las que destaca una vieira.George Girnas / Unsplash

Patricia de la Torre
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Una concha conservada en un yacimiento puede ayudar a saber en qué estación se recogió el molusco. Esa información permite estudiar la alimentación y los desplazamientos de las comunidades prehistóricas. El Museo de Burgos dedica parte de su ciclo 'Huellas invisibles del pasado' a explicar cómo se obtiene ese conocimiento, con investigaciones en las que participa la Universidad de Burgos.

El programa reservó su cita del 5 de noviembre a los recursos marinos, con Asier García Escárzaga, del laboratorio IsoTOPIK, como ponente anunciado. El ciclo continuará hasta febrero de 2027 y permitirá acercarse a la investigación arqueológica a través de conchas, semillas, huesos y dientes. La propuesta invita a mirar los objetos de un museo de otra manera, prestando atención no solo a su forma y antigüedad, sino también a las pistas que conservan sobre cómo se utilizaron en el pasado.

La temperatura del agua queda registrada en la concha

Los moluscos forman sus conchas incorporando carbonato. La composición isotópica de ese material se relaciona con las condiciones del agua durante el crecimiento. Analizar las variaciones permite reconstruir temperaturas y aproximarse al momento del año en que terminó ese proceso. En los ejemplares recogidos para comer, ese final puede vincularse a la recolección realizada por las personas que habitaron el yacimiento.

Un estudio divulgado por la UBU en febrero de 2026 aplicó este enfoque a lapas y caracolillos de yacimientos de Cantabria y Asturias. La investigación, liderada desde la Universidad de Cantabria, contó con participación burgalesa y de otras instituciones europeas. Sus resultados sitúan los moluscos como un recurso recurrente de las sociedades mesolíticas y ayudan a revisar la idea de que se consumían únicamente en situaciones de necesidad.

El estudio abarca más de 4.700 años de historia y muestra la importancia de los moluscos en la alimentación de las comunidades mesolíticas del norte peninsular. El análisis de las conchas permite conocer en qué estaciones se recogían y aporta pistas sobre cómo aquellas poblaciones organizaban el aprovechamiento de los recursos costeros.

De los recursos marinos a las semillas y los huesos

El ciclo está organizado por el Museo de Burgos y el laboratorio IsoTOPIK. Su programa reúne cinco encuentros sobre los isótopos estables, átomos de un mismo elemento químico que tienen diferente masa y que, mediante el análisis de sus proporciones, permiten estudiar procesos ambientales y biológicos. La sesión inaugural, del 1 de octubre, estuvo dedicada al clima, el paisaje y la arqueología, con Eneko Iriarte Avilés.

La próxima cita anunciada después de noviembre será el jueves 17 de diciembre. Carlota Pintado-Laguna abordará la reconstrucción de las actividades agrícolas mediante semillas arqueológicas y restos biomoleculares. Las semillas carbonizadas pueden conservar indicios de las condiciones de cultivo. Su análisis ofrece una vía para estudiar el trabajo agrícola, la gestión de los recursos y los paisajes en los que se desarrollaron aquellas comunidades.

El calendario reserva otras dos sesiones para el 14 de enero y el 4 de febrero de 2027. La primera abordará cómo el estudio de huesos y dientes permite conocer la alimentación, los desplazamientos y el manejo de los animales domésticos. La última se centrará en las poblaciones humanas, con ejemplos de las Islas Canarias, para explicar cómo los isótopos ayudan a reconstruir su dieta y sus formas de subsistencia.

Todas las conferencias están anunciadas a las 19.00 horas, con entrada libre hasta completar el aforo.

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