El secreto de los comercios que han llegado en Aranda a la tercera generación
Seis tiendas históricas explican cómo han afrontado el relevo generacional y los cambios en el consumo

Gonzalo con su madre Rosalía y la perrita Rita
Detrás de sus mostradores han estado durante décadas sus padres, sus abuelos e incluso algún bisabuelo. Hoy hablamos con seis comercios legendarios de Aranda, proyectos familiares que han llegado -o incluso superado- la tercera generación. “Mi padre siempre decía: hay que tener de todo porque lo que no se tiene no se vende”, asegura Cristina Valdazo.
La primera tienda familiar, Casa Valdazo, se abrió en la calle Isilla, hasta que en 1921 inauguró su ubicación definitiva en la calle Santa Lucía. “Nosotras somos la cuarta generación”, afirma con orgullo Olga Valdazo, con el recuerdo en el tío abuelo de su padre, Joaquín Valdazo, el fundador de esta tienda -y promotor de la construcción del Cine Aranda- que luego heredaron sus dos sobrinas, Manolita y Eulalia. Con Abilio, la tercera generación, el negocio se expandió con la apertura, en el año 1993, de Valdazo bebé. “Antiguamente era un almacén hasta que mi padre lo adquirió en 1990. La rehabilitación fue completa, se demolió el edificio salvo la fachada, que se tuvo que mantener”, explica.
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Cristina y Olga Valdazo
Aunque sus hijas empezaron a ayudarle pronto, Abilio fue el alma de Valdazo hasta que una enfermedad impuso la retirada. “Para él fue muy doloroso porque esto era su vida. Llevaba aquí desde los 9 años”, lamenta.
Hoy el legado está seguro en manos de ella y su hermana. Olga se encarga de Casa Valdazo, ese pequeño Corte Inglés en el que uno encuentra casi de todo: ferretería, hogar, regalos y hasta ropa interior. “Ahora vendemos también mucho pasamerías, puntillas y todo lo relacionado con traje regional, así como lanas y para el tapizado y arreglo de muebles”.
Cristina lleva, por su parte, y desde 1998, Valdazo Bebé, un referente para madres y padres. “Como hizo mi padre y el tío abuelo Joaquín, te vas adaptando a las necesidades de tus clientes”, explica, mientras pone como ejemplo el momento actual. “Ahora el textil ha bajado mucho, porque los niños no van tan vestidos como antes, pero sigue teniendo su público, por lo que mantengo siempre un surtido. Lo que más ha bajado son los cochecitos, porque ahora la gente se decanta por la segunda mano, pero, en cambio, vendo mucho sillas de seguridad para el coche. Tenemos un amplia variedad y ahí no se escatima”.
Aunque reconocen que el comercio “está muy parado”, defienden la calidad de una venta cercana y, sobre todo, el servicio postventa. “Ahora los jóvenes compran por Internet, pero estas navidades vimos chicos que entraban porque recordaban haber estado con sus abuelos y, cuando vienen, descubren que también tenemos muchas cosas para ellos”, anima Olga.
Bazar Acebes
Sin abandonar la calle, encontramos el siguiente proyecto familiar icónico: el Bazar Acebes. Nos recibe Rita, una simpática Schnauzer que acompaña a Gonzalo, el actual propietario. “Yo soy la tercera generación. Todo empezó con mi abuelo Julio, que llamaban El Tío Loco. Primero vendía por los pueblos y luego ya puso la tienda en 1958 con mi tía Celia. Después trabajaron mis tíos Pepe, Sagrario y Antonio, y luego mis padres, Gonzalo y Rosalía, que estuvieron 45 años. Aquí hay mucha historia”, asegura Gonzalo Acebes.
La tienda ha sido siempre un bazar. “Teníamos el techo plagado de lámparas y vendíamos de todo: vajillas, bandejas de plata, cuberterías, copas, centros de flores artificiales que hacía yo misma...”, recuerda con cariño su madre, Rosalía, sin olvidar las cazuelas de porcelana rojas, “que era de lo más demandado”. “Ahora veo entrar a las hijas y nietas de mis clientas”, agradece.
Gonzalo ha incorporado cambios. Reformó el local y se he especializado en menaje de cocina y de mesa. “Tengo desde cazuelas y sartenes a todo lo relacionado con la mesa: juegos de café, de té, porcelana, vasos, copas, tazas, bandejas, manteles de algodón y lavables, delantales... Como decía mi padre, si no lo tengo, esta noche lo fabrico”, ríe, convencido de que la mejor baza del comercio es el trato. “Nosotros recibimos a nuestros clientes con los brazos abiertos y con la mejor predisposición para ofrecer la mejor relación calidad-precio. Así lo hacían mis abuelos, mis tíos, mis padres y es también mi filosofía”.
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Antonio Acebes de La cocina económica
La cocina económica
A pocos metros encontramos la versión que completa a esta familia: la Cocina económica, un proyecto que montaron sus tíos Antonio y Florencio hace 52 años. Hoy lo lleva su primo Antonio Acebes, también tercera generación. “Ahora el momento es complicado, porque con la rehabilitación de los Jardines de Don Diego nos han quitado 38 plazas de aparcamiento y lo estamos notando mucho porque, además, como se han estrechado carriles, ya no pueden parar ni un momento”.
Antonio también ha ido adaptando la tienda a las preferencias de sus clientes. “Antes teníamos figuritas de cerámica y decoración, pero ahora estamos centrados en menaje de cocina”.

Eduardo y Jesús, de la joyería Félix Hedo
Joyería Félix Hedo
Retrocedemos unos metros, sin dejar Santa Lucía, para encontrarnos con Eduardo y su padre, Jesús Hedo. Su joyería es otro de los comercios más longevos de Aranda y todavía mantiene el nombre de su creador: Félix Hedo. “Era mi abuelo y ahora lo llevamos yo y mi padre, que está enfocando ya su jubilación”, explica Eduardo.
Aunque trabajan con distintas marcas, también hacen joyas artesanales propias en el taller. “En Aranda somos de los poquitos que quedan y cada anillo que hacemos es único”, destaca Jesús, con la mirada puesta en una tienda que ha ido también evolucionando. “Empezó con bisutería y gafas de sol y luego se pasó al oro y a especializarnos en joyería, que es nuestro pilar”.
Aunque los relojes han bajado por el auge de los relojes inteligentes o smartwatches, y la bisutería parece imponerse, una joya “es una joya”. “Las personas de dinero siguen comprando y, aunque la familia tenga menos poder adquisitivo a la hora de hacer un regalo importante, una joya siempre es un acierto seguro”, añade Eduardo, sin olvidar a su madre, Covadonga Peribáñez, que ha ayudado muchos años en la tienda.
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Hermanos Tudanca
Tudanca
En plena calle Isilla destaca la confitería Tudanca, una familia que comenzó en Burgos hace 150 años – con cinco confiterías- y que desembarcó en Aranda de Duero gracias a Eusebio Tudanca, que se casó con Mercedes Lavín. La primera tienda se abrió en la calle Béjar en el año 1914. El traslado a la calle Isilla, de la mano de Gregorio Tudanca, no llegó hasta 1942. En los últimos 50 años, los herederos han consolidado una empresa fuerte que se completa con el área Tudanca (restaurante, hotel y Spa), un hotel de 127 habitaciones en Miranda de Ebro y apartamentos en el hotel Diana de Madrid. Además, gracias a su madre Vicenta a de las Heras, los actuales propietarios poseen viñedos y vino propio. “Somos la tercera generación y, aunque estamos al pie del cañón, ya trabajan con nosotros la cuarta generación, tanto en la confitería como en el hotel. Aquí somos todos un equipo”, afirma orgullosa Merche Tudanca, quien trabaja codo con codo en la confitería con sus hermanas Mari Carmen y Teresa. “Seguimos el consejo que siempre nos dio mi padre. Lo más importante es la materia prima. Si apuestas por la calidad desde el inicio y en todo el proceso, sea el negocio que sea, muy mal se tiene que dar para que algo falle”.
En Navidad son las reinas del roscón, pero confitería Tudanca es famosa además por sus postres de yema, empiñonados y hojaldres.
Calzados García
En la calle Isilla, aguardan otros proyectos legendarios, como Calzados Velasco y Calzados García. “Nuestra tienda empezó siendo una tienda de ultramarinos que abrió mi abuelo, Teófilo García, y que luego convirtió en zapatería con mi padre Luis. Yo llevo trabajando muchísimos años, pero oficialmente lo cogí cuando falleció mi padre”, detalla la actual propietaria de Calzados García, Ana García.
Aunque sus predecesores han afrontado desafíos, el momento actual no anima a la esperanza. “Desde la pandemia ha habido un cambio en el consumo. La gente compra por Internet, sobre todo jóvenes, y los de los pueblos, como no se puede aparcar en el centro, se quedan en las grandes superficies de las afueras. Es un cambio radical y puede ser el fin de muchos comercios”, advierte consciente de que ya hay negocios que han echado el cierre como Calzedonia, o que van a cerrar, como Tempus Gayubo, el Botón de Oro o Modas Luis. “Nos vamos jubilando y no sabemos cómo será el relevo”.
Ella lo tiene claro: más allá de la rentabilidad, los comercios cumplen una función social. “Damos luz, seguridad y alegría”.